Hay productos que no buscan conquistar el mundo, solo hacer felices a unas cuantas personas muy específicas. Los pequeños lectores de Xteink son de esos.
No son Kindle, ni Kobo, ni BOOX. No tienen detrás una tienda gigante ni años de pulido. Pero tienen algo que a las grandes marcas se les suele olvidar: una idea fresca.
La idea es simple: un lector de verdad pequeño. No "pequeño" como un Kindle de seis pulgadas, sino de los que caben en el bolsillo de la chamarra, junto al celular. No quiere reemplazar tus aparatos; quiere acompañarte esos minutos sueltos en que tienes ganas de leer y no de revisar notificaciones.
En un mercado de empresas enormes, eso ya es raro. Las grandes mejoran lo que funciona —más resolución, mejor luz, más batería—, pero casi nunca se arriesgan con formatos extraños. Una empresa chica sí: puede sacar algo imperfecto, ver si pega y corregir sobre la marcha. Por eso los Xteink no parecen productos terminados, sino prototipos que ya puedes comprar y usar mientras todavía buscan su mejor versión. (Que existan se lo debemos a Shenzhen, donde hay fábricas, componentes y prisa de sobra para que una idea chica se vuelva producto.)
Tengo un X3. La verdad lo compré por impulso —de esas compras que uno no sabe bien cómo justificar—, y eso cambia cómo lo veo. Lo saco en una sala de espera o en esos diez minutos muertos. Cabe en la palma, la pantalla no brilla ni vibra, no entra ningún mensaje. Es medio absurdo —una pantalla del tamaño de una tarjeta— y ahí está la gracia: por un rato solo existe el texto.
No lo uso como quien estrena algo perfecto, sino como quien le ve futuro a algo todavía verde. Un aparato terminado te da comodidad; uno inmaduro te da conversación. Te hace pensar "esto podría crecer, podría volverse muy bueno", y mientras tanto ya lo tienes en la mano.
Buena parte de ese futuro está en el firmware. Existe CrossPoint Reader, un proyecto abierto que reemplaza el software de fábrica del X3 y X4 por uno mejor: más formatos, mejor tipografía, sincronización con KOReader. Para cierto tipo de usuario eso lo cambia todo: el aparato deja de ser una caja cerrada y pasa a ser algo que una comunidad puede abrir y mejorar. Hay que aclarar una cosa, eso sí: Xteink anunció que bloquearía el software de terceros, pero sobre todo en sus modelos chinos; los internacionales comprados por canales oficiales siguen abiertos, al menos por ahora. Ese tira y afloja —el fabricante que quiere control, el usuario que quiere trastear— es parte de la diversión.
Lo que más me gusta es que no pretenden hacerlo todo. Hoy cada gadget quiere ser consola, cámara, oficina y red social a la vez; este solo dice "aquí puedes leer", y se agradece.
Al final tampoco es tan nuevo. Como cuenta Irene Vallejo, siempre hemos cargado las palabras como se ha podido: de las tablillas a los libros de bolsillo y ahora a una pantallita de tinta. El X3 vendría siendo el libro de bolsillo del siglo XXI: raro, imperfecto, pero fiel a algo muy viejo.
Por eso me parecen valiosos. No porque puedan competir con un Kindle, sino porque mantienen abierto el juego: la lectura digital no tiene por qué tener una sola forma. A veces la innovación no llega como una gran revolución, sino como un lector diminuto que cabe en la mano y te confirma que leer sigue siendo de las mejores cosas que se pueden hacer con un gadget.
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